El tercer y último volumen de esta obra comienza en el libro cuarto que se dedica a la disposición o método oratorio. Organizado, como el resto del libro, en capítulos, expone cuáles son las partes del discurso, atiende al exordio, la proposición, la narración, la prueba, la peroración y sus partes, junto con el decoro que, según afirma, mejora a medida que se perfecciona el gusto con lo que concluye este libro.
El quinto tiene por objeto el estilo y los ornamentos del discurso. Se detiene en explicar cómo debe ser la expresión, los diferentes estilos (simple, sublime, templado o florido), la forma del estilo que depende de las palabras en tanto que sonidos, de ahí la importancia de su elección. Continúa con la armonía, el ritmo, el orden, las figuras y sus diversas clases, así como con la conveniencia de su uso para la prueba a diferencia de las que se utilizan como mero ornamento.
El libro sexto trata sobre la elocuencia y comienza por enseñar de qué modo debe el orador presentar la verdad para darla a conocer y que agrade. Es lo que se denomina «elocuencia exterior» o elocuencia corporal, que consiste en ajustar la voz y el movimiento para acompañar con el gesto la fuerza del pensamiento, como hacen los actores.
Concluye aquí el volumen tercero y el tratado en su conjunto.