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Identificación

De l'Allemagne. La philosophie et la morale, Tome troisème

Germaine de Stäel-Holstein
1810

Resumen

El tercer tomo de De l’Allemagne (1810) contiene las últimas dos partes de la obra, dedicadas a «La filosofía y la moral» (pp. 1-262) y a «La religión y el entusiasmo» (pp. 263-414). Como en los volúmenes anteriores, Madame de Staël (1766-1817) defiende que hay una interrelación profunda entre la literatura, la filosofía, la religión, las costumbres y las instituciones sociales de las naciones, pero en esta ocasión se muestra incluso más enfática a la hora de establecer la ligazón entre los tres primeros elementos. Dice:

La filosofía idealista, el cristianismo místico y la poesía que viene del alma tienen, en muchos aspectos, el mismo objetivo y la misma fuente; estos filósofos, estos cristianos y estos poetas comparten todos un mismo deseo. Ellos querrían sustituir a la ficción de la sociedad, no la ignorancia de los tiempos bárbaros, sino la cultura intelectual que une la simplicidad con la perfección de las luces; ellos querrían hacer hombres enérgicos y reflexivos, sinceros y generosos de todos estos caracteres sin elevación, de todos estos espíritus sin ideas, de todos estos burlones sin alegría, de todos estos epicúreos sin imaginación a los que llamamos especie humana a falta de algo mejor (p. 332).

Además, este último tomo es también aquel en que la autora desarrolla más libremente su propia concepción del mundo, haciendo del caso alemán un modelo para los franceses y una excusa para promover el entusiasmo en todos los aspectos de la vida.

Cuando habla de la filosofía, Staël traza primero un panorama general y, a continuación, se acerca poco a poco a la nueva escuela alemana, con la que ella misma comulga. Su enfoque se centra en la metafísica y, en concreto, en la segunda de sus ramas, consagrada al estudio de la formación de las ideas dentro del espíritu —las otras dos explorarían el misterio de la creación y el ejercicio de las facultades humanas— (pp. 1-3). Su argumentación, entonces, toma una deriva dualista, que le sirve para explicar la evolución de las ideas europeas. Según ella, el hombre se debate en una dicotomía entre las sensaciones y el alma, entre el imperio de los sentidos y el imperio del pensamiento (p. 10). Los primeros en dar primacía a los sentidos fueron los ingleses, con Bacon, Hobbes y Locke a la cabeza (pp. 10-30). Sin embargo, su respeto por la religión les impidió aceptar las consecuencias de su teoría, por lo que no se entregaron al materialismo filosófico ni a una moral basada en el interés. Los franceses —hecha excepción de Descartes y sus partidarios— sí aplicaron estas ideas, lo que les hizo destruir conceptos como el de la inmortalidad y el deber y abrazar la frivolidad y la burla (pp. 31-53). Los alemanes, en cambio, decidieron combatir esta tendencia (pp. 54-125).

Para explicar su punto, Staël repasa las teorías de un gran número de filósofos, como Leibnitz (pp. 54-67), Kant (pp. 68-96), Wolf, Lessing, Hemsterhuis, Jacobi, Fichte, Schelling y Schlegel (pp. 97-125), aunque pone especial énfasis en los dos primeros. Según ella, Leibnitz fue un filósofo idealista que combatió el materialismo, pero que fundó todo su sistema en la razón y, por consiguiente, que desdeñó la persuasión íntima que es necesaria para una lucha semejante (p. 61). En contraposición a él, Kant delimitó adecuadamente los límites del entendimiento, por lo que fundó la moral en la consciencia y el sentimiento del deber, y las artes en el ideal (pp. 70-71). A juicio de Staël, por tanto, es el sentimiento íntimo la prueba irrefutable de que la justicia, Dios, el libre albedrío, la belleza y lo sublime existen (pp. 83-92); la razón, en cambio, solo es efectiva cuando se aplica a la esfera de los sentidos (p. 84).


A continuación, la autora se propone revisar la influencia que ha tenido la filosofía alemana en el desarrollo del espíritu (pp. 126-132), la literatura y las artes (pp. 133-143), las ciencias (pp. 144-164) y el carácter (pp. 165-171). Por un lado, señala que la filosofía idealista es la más adecuada para cultivar el genio y la universalidad de saberes (pp. 120-130, 146-148); por otro lado, afirma que este tipo de pensamiento incentiva las nuevas ideas y la creación libre en las artes y la literatura, al ubicar el origen de las «reglas» en el interior de la persona (pp. 133-134, 139). Por esta razón, la poesía alemana es compatible con la metafísica y va en busca de una belleza ideal y desinteresada (pp. 134-138). Con todo, al hacer primar la concepción sobre la ejecución, sus obras pueden carecer de claridad y de fuerza persuasiva (pp. 131-140). En otro orden de ideas, la influencia que esta filosofía tiene sobre el carácter es mínima, dado que son las instituciones sociales y religiosas, no el pensamiento, las que lo determinan (pp. 165-166).

Finalmente, Staël dedica los últimos capítulos de la tercera parte de su obra a refutar la moral basada en el interés, sea este personal o nacional (pp. 172-197), a justificar la necesidad del sentimiento religioso para inspirar la virtud (pp. 198-207), a explicar las teorías de Jacobi (pp. 214-225), a señalar los excesos a los que puede llevar una disposición novelesca y una moralidad «sentimental» (pp. 226-231), a subrayar la importancia del amor en el matrimonio (pp. 232-242), a reseñar las obras de los principales escritores moralistas (Mendelsohn, Garve, Sulzer, Engel) (pp. 243-252) y, por último, a denunciar la frivolidad «elegante» que los ignorantes emplean para denigrar la ilustración (pp. 253-262).

En la cuarta y última parte, dedicada a la religión, Staël sostiene que las naciones germánicas son naturalmente religiosas y entusiastas (pp. 263-264). Así pues, el fondo último de la religión es el sentimiento del infinito, es decir, aquel entusiasmo que nos hace tender a todo lo celeste y que inspira, en la metafísica, la creencia en las disposiciones innatas; en la moral, el espíritu de entrega; en las artes, el ideal; y en la religión, el amor divino (pp. 265-268). Este sentimiento, dice la autora, es esencial para escribir e incluso para comprender y degustar la elocuencia y la poesía (pp. 267-268, 405-410). Al fin y al cabo, «hay religión en todas las obras de genio y hay genialidad en todos los pensamientos religiosos» (p. 272).

Madame de Staël piensa que es natural que la Reforma comenzase en Alemania, dado que el protestantismo es la necesidad de examinar las propias creencias y, consecuentemente, es compatible con la ilustración y la poesía (pp. 275-289). Tras hacer un breve examen del catolicismo alemán y señalar lo inspirador que resulta el sentimiento religioso para la literatura (pp. 297-312), la autora procede a explicar las bases del misticismo, que, según ella, es la manera más íntima de sentir y concebir el cristianismo (p. 313). Para Staël, el idealismo en filosofía es análogo al misticismo en religión, puesto que uno pone la realidad de las cosas de este mundo en el pensamiento y el otro pone la realidad de las cosas del cielo en el sentimiento (p. 328). Todas estas disposiciones, en suma, son equivalente entre sí, y «es por eso que todos los pensadores solitarios, de un extremo al otro del mundo, buscan reunir en un mismo hogar los rayos dispersos de la literatura, la filosofía y la religión» (p. 322).

Finalmente, y después de discurrir sobre el sentido del dolor (pp. 333-346), las teorías de los teósofos (pp. 347-352), el espíritu de secta (pp. 353-364) y la correspondencia entre el hombre y la naturaleza —con una excursión por las obras de Novalis y de Théodor Schubert— (pp. 365-384), Staël dedica los últimos tres capítulos de De l’Allemagne a explicar lo que es el entusiasmo (pp. 385-391) y qué influencia tiene en la búsqueda de las luces (pp. 392-399) y la felicidad (pp. 400-414). Según la autora, el entusiasmo debe ser distinguido del fanatismo: el segundo es la pasión desregulada por una opinión excluyente, mientras que el primero empuja al hombre a la armonía universal, el amor por lo bello, la elevación del alma y la entrega de sí mismo; en otras palabras, es ese exceso de alma que consagramos a todo lo grande y que nos lleva a la contemplación del universo (pp. 385-387). El entusiasmo es el aliento que guía a los escritores, permite disfrutar la literatura y las artes y da impulso a la búsqueda de la verdad; y, más importante aún, es la característica distintiva de Alemania (p. 392), puesto que «el entusiasmo es todo para las naciones literarias» (p. 390). Por ello, Madame Staël concluye su obra apelando a Francia y exhortándola para que no pierda su propio entusiasmo, sin el cual todas sus glorias no serían más que «mares de arena, terribles como las olas, áridas como el desierto» (pp. 413-414).

Descripción bibliográfica

[Staël-Holstein, Germaine de], De l’Allemagne. La philosophie et la morale, [s.n.]: [H. Nicolle], [1810].
414 pp.; 8°. Sign: BNF RES P-M-149 (3).

Ejemplares

Biblioteca Nacional de Francia

http://catalogue.bnf.fr/ark:/12148/cb31397144g
ark:/12148/btv1b86232904

Bibliografía

Cita

Germaine de Stäel-Holstein (1810). De l'Allemagne. La philosophie et la morale, Tome troisème, en Biblioteca de la Lectura en la Ilustración [<https://www.bibliotecalectura18.net/d/de-lallemagne-la-philosophie-et-la-morale-tome-trois%C3%A8me> Consulta: 12/03/2026].