Este manual, destinado principalmente a la educación de las jóvenes religiosas, fue redactado por el editor de la obra, es decir, André-Joseph Panckoucke (1703-1753), muy involucrado en la publicación de la Encyclopédie y de la Encyclopédie Méthodique.
Se declara en el «Prefacio» que las damas no se han distinguido por la realización de grandes empresas, pero sí constituyen una parte esencial de la sociedad civil:
Si las mujeres no se distinguen por grandes hazañas, es porque las privamos de los medios alejándolas de los grandes trabajos. Sin embargo, se puede decir que por su espíritu, por su cortesía y por todos los encantos que saben difundir a su manera, hacen, cuando disponen de cualidades sólidas, la mayor parte del entretenimiento de la sociedad civil. Si debemos al cuidado y habilidad de los hombres el orden y la regla que preservan los Estados, debemos atribuir a las atenciones, a la economía y a la inteligencia de las mujeres el orden y las normas que conservan y aumentan el bien de las familias (pp. v-vj).
Entiende por ello que deben formarse, aplicándose según corresponde a su condición y estado. Así pues, los estudios que, a juicio del autor del libro, le convienen en primer término son los religiosos, pero como al resto de los hombres. Recomienda algunas lecturas sobre las costumbres de los cristianos o los libros dedicados a enseñar a una dama cristiana a comportarse (p. vij). Pero no se detiene por entender que hay suficientes obras de esta naturaleza que ofrecen sobre este asunto más detalle.
Inicia su tratado con la Gramática. A su modo de ver, se lee por aproximación y no porque se conozca bien la lengua escrita:
Sin embargo, la función de las letras, de los alfabetos y de las palabras es formar un discurso que represente a quienes lo leen las palabras que se han pronunciado o que deberían haberse pronunciado. La escritura es donde el arte de expresar mediante figuras el sonido de la voz, que perece y vuela en cuanto se pronuncia; es un retrato de la palabra, que expresa por los rasgos lo que tenemos que decir, así como la voz expresa por las palabras lo que hemos pensado, pero ambos retratos deben ser verdaderos y conformes a las reglas. La breve y simple descripción que hemos dado de esta ciencia no fatigará a nadie, nos hemos limitado a lo estrictamente necesario (p. viij).
El segundo tratado lo dedica a la Poesía y el tercero a la Retórica. Continúa con indicaciones sobre modelos del género epistolar, con la Cronología, la Geografía y la Historia. Y tras esta la Mitología o la fábula heroica a la que sigue la fábula moral. Esta «une a la vez la vivacidaz de la invención, la utilidad de la filosofía más seria, la agradable de la sátira, la ingnuidad de la narración y unas bromas finas y delicadas» (p. xiv). Concluye la obra con un tratado de Aritmética que considera muy útil y necesaria en la vida cotidiana.